En un momento en que gran parte de los debates sobre educación giran en torno a contenidos, plataformas y tecnología, el proyecto TUMO Uruguay plantea una pregunta diferente: ¿qué tipo de espacio necesita una nueva generación para aprender?
Ubicado en el entorno del Aeropuerto Internacional de Carrasco, el primer centro TUMO del país introduce una propuesta educativa inédita en Uruguay. Concebido como un espacio para adolescentes de entre 12 y 18 años, el programa combina tecnología, creatividad y aprendizaje autónomo en áreas como programación, inteligencia artificial, robótica, música, cine, animación y modelado 3D. Pero detrás de esa propuesta pedagógica hay también una operación arquitectónica particularmente interesante.
Lejos de reproducir la lógica de una institución educativa tradicional, el edificio fue concebido como una infraestructura abierta, flexible y dinámica, capaz de acompañar distintas formas de aprendizaje simultáneamente. La arquitectura se transforma en parte activa de la experiencia educativa.
Con aproximadamente 2.500 metros cuadrados construidos, el centro incorpora grandes áreas de autoaprendizaje, salas para talleres especializados, laboratorios de robótica, estudios de música y espacios de trabajo colaborativo equipados con tecnología de última generación. Cada ambiente responde a una lógica diferente de uso, permitiendo que los estudiantes construyan recorridos propios según sus intereses y disciplinas elegidas.
El proyecto estuvo a cargo del estudio Gomez Platero Arquitectos y la materialización del proyecto estuvo a cargo de constructora Baute, empresa que ha participado en algunos de los desarrollos arquitectónicos y de infraestructura más relevantes de los últimos años en Uruguay. En TUMO, el desafío excedía ampliamente la construcción de un edificio educativo convencional. Se trataba de traducir a escala local un modelo internacional que ya funciona en distintos países y que requiere espacios altamente adaptables, capaces de evolucionar junto a las formas contemporáneas de aprender.
El resultado es una arquitectura sobria, precisa y eficiente. Un edificio que evita los gestos innecesarios para concentrarse en aquello que verdaderamente importa: generar condiciones para la creatividad, el encuentro y la experimentación.
La ubicación tampoco es casual. TUMO forma parte del ecosistema de innovación impulsado en torno al Aeropuerto de Carrasco, una zona que en los últimos años ha comenzado a consolidarse como un nuevo polo vinculado a la educación, la tecnología y el desarrollo de conocimiento. Su presencia refuerza una mirada de largo plazo que entiende la infraestructura educativa como una herramienta estratégica para el desarrollo territorial.
Nacido en Armenia en 2011, el modelo TUMO se expandió rápidamente hasta convertirse en una red internacional presente en múltiples países. Su llegada a Uruguay fue impulsada por Aeropuertos Uruguay, Corporación América Airports y Ceibal, en una alianza que permitió traer al país una experiencia educativa reconocida globalmente por su capacidad para conectar creatividad y tecnología.
Sin embargo, el mayor valor del proyecto quizá no resida únicamente en su propuesta académica ni en la calidad de su arquitectura. Su principal aporte es cultural. TUMO propone una manera distinta de imaginar el futuro.
En ese sentido, el edificio funciona a través de una arquitectura que no busca imponer reglas, sino ofrecer posibilidades. Un espacio diseñado para que cientos de jóvenes puedan explorar y proyectar su porvenir.
Y en tiempos donde la velocidad de los cambios tecnológicos obliga a repensar permanentemente cómo aprendemos, pocas obras resultan tan pertinentes como aquella que fue concebida, precisamente, para albergar el futuro.














