20 DISEÑADORES PARA EL 2026

Diseñar un espacio interior es un acto que se parece mucho a escribir una novela: comienza con una escucha atenta y continúa con una serie de decisiones invisibles que, al final, determinan la experiencia de quien habita la historia. El diseñador de espacios interiores no trabaja con palabras, sino con materia, luz y proporción; sin embargo, su tarea es narrativa. Traduce costumbres, aspiraciones y límites en escenarios donde la vida cotidiana encuentra su forma más precisa.

Durante años, esta figura fue mirada con condescendencia. Hace apenas tres décadas, el diseñador de interiores parecía un personaje excéntrico, un lujo innecesario, casi un capricho burgués asociado al adorno y a la apariencia. Se lo toleraba, pero no se lo comprendía. La casa —se pensaba— podía resolverse sola, a fuerza de intuición, ensayo y error. Lo que no se calculaba entonces era el costo de ese error: el desgaste, el dinero mal invertido, los espacios que cansan en lugar de acompañar.

La vida contemporánea, con su complejidad y sus límites cada vez más visibles, se encargó de corregir esa mirada. Los metros se achicaron, los usos se superpusieron, los recursos comenzaron a contarse con mayor cuidado. Y en ese escenario, el diseñador de espacios interiores dejó de ser un lujo para convertirse en un aliado. Alguien capaz de ordenar el caos doméstico, de hacer rendir el espacio y el presupuesto, de anticipar problemas y evitar gastos inútiles. Habitar bien pasó a ser una forma de inteligencia práctica.

Luego llegó la pandemia: esa crisis sanitaria global que nos confinó entre cuatro paredes y nos obligó a mirar la casa con otros ojos. El hogar dejó de ser un simple refugio nocturno para convertirse en oficina, escuela, gimnasio, lugar de ocio y de encierro. En ese aislamiento forzado descubrimos necesidades insospechadas: la falta de luz, el ruido constante, la ausencia de espacios propios, la imposibilidad de concentrarse o de descansar. El interior doméstico reveló, con crudeza, sus carencias y sus potencialidades. Y una vez más, el diseño se volvió una respuesta concreta frente a una experiencia límite.

Pero su aporte va más allá de la eficiencia. Hay en el diseño interior una ética silenciosa: la responsabilidad sobre el tiempo ajeno. El diseñador decide cómo se circula, dónde se descansa la mirada, de qué modo la luz acompaña una conversación o protege un momento de soledad. Un interior bien pensado no se impone; se vuelve natural, casi inevitable, como si siempre hubiera sido así. En esa aparente sencillez se esconde el verdadero oficio.

Es en este punto —cuando la disciplina alcanza madurez, conciencia y espesor cultural— que AYD presenta a veinte diseñadores de espacios interiores locales, seleccionados como los 20 diseñadores del año 2026. No se trata de una lista caprichosa ni de un gesto de moda, sino del reconocimiento a miradas que han sabido interpretar, cada una a su manera, las nuevas formas de habitar. Son autores de espacios que no buscan deslumbrar, sino durar; que no persiguen tendencias, sino climas.

Reunidos, estos veinte nombres componen un retrato coral de una disciplina que dejó atrás la frivolidad para instalarse en el corazón mismo de la vida cotidiana. Diseñadores que entienden que un buen interior no es aquel que se exhibe, sino el que se vive. Y que, como toda buena novela, solo revela su valor con el paso del tiempo, cuando el lector —o el habitante— descubre que ya no podría imaginar su vida de otra manera.

HASSEN BALUT

Hassen Balut pertenece a una estirpe poco frecuente de diseñadores: aquellos que llegan al espacio desde el relato. Su formación como cineasta no es un dato accesorio, sino una clave de lectura de toda su obra. Como en el cine, Balut piensa el interior en términos de secuencia, encuadre y atmósfera. Cada espacio se despliega como una escena donde la luz, los materiales y las proporciones construyen una experiencia narrativa destinada a ser vivida, no exhibida. Radicado y activo en Uruguay, su trayectoria en el diseño de interiores se ha consolidado a partir de una práctica rigurosa y silenciosa, en la que confluyen mirada estética, sensibilidad técnica y una comprensión profunda de los modos contemporáneos de habitar. Lejos del gesto grandilocuente, su trabajo se reconoce por la precisión con la que articula función y emoción, austeridad y calidez, logrando interiores que acompañan el paso del tiempo con naturalidad. Esa capacidad para pensar el espacio como relato encuentra hoy su expresión más ambiciosa. Balut tiene a su cargo el proyecto de diseño interior más importante de los últimos cincuenta años en el país: los interiores del Cipriani Resort. Se trata de una obra de escala excepcional, donde historia, lujo, tecnología y memoria arquitectónica exigen una mirada capaz de articular complejidad sin perder coherencia. En ese desafío, su formación cinematográfica vuelve a hacerse visible: el proyecto se construye como una gran narración espacial, donde cada ambiente cumple un rol preciso dentro de un conjunto mayor. Más que un diseñador de estilo, Hassen Balut se afirma como un autor de espacios. Un profesional que entiende que todo interior, como toda buena película, debe sostener una tensión invisible entre lo que se ve y lo que se siente. Y que, cuando esa tensión está bien resuelta, el espacio deja de ser escenario para convertirse en experiencia.

  

CAROLINA CESIO

Carolina Cesio desarrolla su práctica en el campo del diseño de espacios interiores desde una mirada atenta, rigurosa y profundamente consciente del habitar contemporáneo. Su trabajo se caracteriza por una comprensión integral del espacio, donde funcionalidad, materialidad y atmósfera se articulan con precisión y sin gestos superfluos. A lo largo de su trayectoria, ha abordado proyectos residenciales y comerciales en los que el diseño interior se presenta como una herramienta de orden y claridad. Lejos de la lógica de la tendencia inmediata, Cesio privilegia soluciones durables, pensadas para acompañar el uso cotidiano y el paso del tiempo. Sus interiores se construyen a partir de decisiones medidas, donde la escala humana y la calidad espacial ocupan un lugar central. En su obra se reconoce una especial atención al diálogo entre luz, materiales y proporciones, así como una sensibilidad particular para interpretar las necesidades reales de quienes habitan los espacios. Cada proyecto surge de un proceso de escucha y análisis, y se traduce en ambientes equilibrados, serenos y coherentes, capaces de integrarse con naturalidad a la vida diaria. Carolina Cesio forma parte de una generación de diseñadoras que ha contribuido a consolidar el diseño de interiores como una disciplina madura y necesaria, con impacto directo en la calidad de vida. Su trabajo confirma que el verdadero valor del interior no reside en lo visible de inmediato, sino en la experiencia sostenida de habitar bien.

 

SOFIA RUIZ

Sofía Ruiz desarrolla su trabajo en el campo del diseño de espacios interiores desde una mirada sensible, contemporánea y profundamente atenta a la experiencia de habitar. Su práctica se apoya en una comprensión integral del espacio, donde la funcionalidad, la materialidad y la atmósfera se articulan con precisión, dando lugar a interiores equilibrados y coherentes. En sus veinticinco años de ejercicio de la profesión, Ruiz ha abordado proyectos residenciales y comerciales en los que el diseño interior se entiende como una herramienta para ordenar, clarificar y potenciar el uso cotidiano de los espacios. Lejos del gesto efímero o de la solución meramente decorativa, su trabajo se caracteriza por decisiones medidas, una paleta controlada y una relación consciente entre luz, proporciones y materiales. En sus proyectos se percibe una especial sensibilidad hacia la escala humana y el vínculo entre arquitectura e interiorismo. Cada espacio parece construido a partir de una escucha atenta —del lugar, del programa y de quienes lo habitan— lo que se traduce en ambientes serenos, funcionales y durables, capaces de acompañar el paso del tiempo sin perder vigencia. Su trabajo reafirma que un buen interior no se define por su impacto inmediato, sino por su capacidad de integrarse con naturalidad a la vida cotidiana y sostener una forma de habitar consciente y equilibrada.

 

JUAN CARLOS AREOSO USHER

Juan Carlos Areoso Usher es el diseñador con mayor trayectoria del conjunto seleccionado por AYD. Con más de cuarenta años de ejercicio profesional, su figura representa una referencia ineludible en la historia del diseño de interiores en el país, tanto por la solidez de su obra como por la coherencia de una práctica sostenida en el tiempo. Su formación como ingeniero industrial le aportó un método riguroso, una comprensión precisa de los procesos y una capacidad singular para ordenar y resolver programas complejos. A esa base racional se suma una sensibilidad emocional que introduce calidez, profundidad y un lenguaje plástico propio, visible en la manera en que articula materiales, luz y proporción. A lo largo de cuatro décadas, Areoso Usher ha desarrollado proyectos residenciales, comerciales y corporativos en los que el diseño interior se entiende como una disciplina integral, capaz de mejorar la experiencia cotidiana del habitar. Sus interiores evitan el gesto efímero y la estridencia; privilegian, en cambio, la claridad espacial, el equilibrio y soluciones pensadas para perdurar. En su trabajo, la calidez no es un recurso decorativo sino una cualidad proyectual. El lenguaje plástico se manifiesta en decisiones precisas, donde cada elemento encuentra su lugar dentro de una estructura clara y funcional. Método e intuición conviven en una síntesis madura, fruto de la experiencia y de una mirada atenta al uso real de los espacios. Su obra confirma que el verdadero valor del diseño reside en su capacidad de sostenerse en el tiempo y acompañar, con inteligencia y sensibilidad, las distintas formas de habitar.

RAFAELA KEULIYAN

SIGNO INTERIORISMO

 

Rafaela Keuliyan es la fundadora y directora de Estudio Signo Interiorismo, un espacio desde el cual desarrolla una práctica sensible y contemporánea del diseño de interiores, atenta tanto a la identidad de los lugares como a las personas que los habitan. Su trabajo se distingue por una mirada equilibrada, donde la funcionalidad dialoga con una cuidada construcción estética. A lo largo de su trayectoria, Keuliyan ha consolidado un lenguaje propio, basado en la claridad espacial, el uso preciso de los materiales y una especial atención a la escala y la luz. En sus proyectos —principalmente residenciales y comerciales— el diseño interior se concibe como un proceso integral, capaz de transformar espacios cotidianos en ámbitos con carácter y coherencia. Desde Estudio Signo Interiorismo, impulsa una metodología de trabajo cercana y reflexiva, que privilegia la escucha y la interpretación de las necesidades del cliente. Cada proyecto es abordado como una oportunidad para construir atmósferas que combinan sobriedad, calidez y una estética contemporánea sin excesos. La obra de Rafaela Keuliyan evita las tendencias pasajeras y apuesta por soluciones atemporales, pensadas para perdurar. Su enfoque pone en valor el diseño como una herramienta que ordena, humaniza y da sentido a los espacios, consolidando su presencia como una voz sólida dentro del panorama actual del diseño de interiores.

 

FLORENCIA MILLER

Florencia Miller desarrolla su práctica en el campo del diseño de interiores desde una mirada sensible y contemporánea, entendiendo cada proyecto como un ejercicio de interpretación y síntesis. Su trabajo se caracteriza por una atención minuciosa al detalle y por la capacidad de construir espacios equilibrados, donde funcionalidad y estética conviven con naturalidad.

A lo largo de su trayectoria ha abordado proyectos residenciales y comerciales, trabajando con una paleta material sobria y cuidadosamente seleccionada. La luz, las texturas y las proporciones cumplen un rol central en su obra, dando lugar a interiores que transmiten calma, coherencia y una elegancia contenida. Miller concibe el diseño interior como una disciplina que trasciende la decoración para convertirse en una herramienta de orden y bienestar. Cada intervención parte de la escucha atenta y del análisis del modo de vida de quienes habitan el espacio, lo que le permite generar soluciones personalizadas y duraderas. Su enfoque evita los gestos grandilocuentes y las modas efímeras, apostando por una estética atemporal y una relación honesta con los materiales. Florencia Miller forma parte de una generación de diseñadoras que ha contribuido a consolidar el diseño de interiores como una práctica profesional madura, con impacto directo en la calidad de vida y en la experiencia cotidiana del habitar.

 

CECILIA DUQUE

ESTUDIO PUENTE

 

PUENTE es un estudio de diseño de interiores fundado por la diseñadora Cecilia Duque, concebido como un espacio de cruce entre la arquitectura, la sensibilidad material y las formas contemporáneas de habitar. Desde su origen, el estudio trabaja con la convicción de que el diseño interior no es un gesto accesorio, sino una disciplina capaz de construir sentido, identidad y bienestar. Estudio PUENTE es, además, el único de esta selección fundado e instalado en el interior del país, en la ciudad de Mercedes, una condición que imprime a su práctica una relación directa y genuina con el territorio, la escala urbana y los modos de vida locales. Esta distancia del centro metropolitano se transforma en una fortaleza: una mirada atenta, menos apresurada, más vinculada a la experiencia cotidiana del habitar. La mirada de Duque se apoya en una comprensión profunda del espacio y en una aproximación cuidadosa a los materiales, la luz y las proporciones. En los proyectos de PUENTE —que abarcan ámbitos residenciales, comerciales y de hospitalidad— cada decisión responde a una lógica integral, donde lo funcional y lo estético se articulan con precisión y sobriedad. El nombre del estudio no es casual: PUENTE propone vincular ideas, escalas y disciplinas, conectando las necesidades del cliente con un lenguaje visual claro y contemporáneo. El proceso proyectual se basa en la escucha atenta y en la construcción de soluciones a medida, pensadas para perdurar más allá de las tendencias. Cecilia Duque ha consolidado, a través de PUENTE, una práctica coherente y sensible, en la que el diseño interior se presenta como una herramienta para ordenar la experiencia cotidiana y enriquecer el vínculo entre las personas y los espacios que habitan. El estudio se afirma, así como una presencia singular dentro del panorama actual del diseño de interiores, aportando diversidad territorial y profundidad conceptual a la escena nacional.

 

 

JOY CATTAROSI

Joy Cattarosi desarrolla su práctica en el campo del diseño de espacios interiores desde una mirada sensible, precisa y profundamente contemporánea. Su trabajo se apoya en la convicción de que el interior no es un mero soporte estético, sino un territorio de experiencia, donde la vida cotidiana encuentra forma, ritmo y significado. A lo largo de su trayectoria ha abordado proyectos residenciales y comerciales en los que se destaca una atención rigurosa al detalle y una especial sensibilidad hacia los materiales, las texturas y la luz. Cada intervención propone un equilibrio cuidadoso entre funcionalidad y expresión, dando lugar a espacios serenos, coherentes y emocionalmente habitables. Cattarosi concibe el proceso de diseño como un diálogo constante con el cliente y con el contexto. La escucha atenta y la interpretación de las necesidades reales son el punto de partida de proyectos que evitan la espectacularidad innecesaria y apuestan por soluciones honestas, duraderas y ajustadas al modo de habitar de cada usuario. Su obra se inscribe dentro de una generación de diseñadoras que ha contribuido a consolidar el diseño de interiores como una disciplina profesional madura, capaz de incidir de manera directa en la calidad de vida. En los espacios concebidos por Joy Cattarosi, el diseño actúa como un gesto silencioso pero esencial: ordena, acompaña y da profundidad a la experiencia del habitar.

GUSTAVO BONO

Hay diseñadores que construyen espacios y otros que, en silencio, construyen una manera de habitarlos. Gustavo Bono pertenece a esta última estirpe. Radicado en Montevideo —ciudad donde la luz y el tiempo parecen ponerse de acuerdo— y con proyectos que se extienden por Nueva York, Miami, Madrid, Ibiza, Frankfurt y Punta del Este, ha consolidado una obra reconocible no por el gesto enfático, sino por la mesura, la inteligencia sensible y una noción del diseño entendida como experiencia antes que como espectáculo. Nacido en Montevideo, desarrolló desde temprano una percepción aguda del espacio, marcada por entornos donde la luz no era un recurso técnico sino un valor cultural. De allí proviene su concepción del lujo: no como ostentación, sino como equilibrio entre materia, vacío y tiempo. A lo largo de su trayectoria, tanto en proyectos residenciales como comerciales de alta gama, esa mirada se traduce en interiores donde la funcionalidad convive con una elegancia serena y un confort que es, ante todo, emocional. La propuesta de Bono privilegia la experiencia del habitante por encima de las modas pasajeras. Materiales nobles, iluminación precisa, colores cuidadosamente elegidos y piezas con historia se combinan en una estética ecléctica que nunca cae en el capricho. Cada espacio se construye como un retrato: un reflejo de la personalidad de quien lo habita, donde arte, diseño y arquitectura dialogan sin jerarquías ni estridencias. Esa atención al detalle —y al modo en que la luz incide sobre cada superficie— fue reconocida en la primera edición de Casa FOA Uruguay, donde obtuvo el Premio a la Mejor Aplicación de Piedra Natural y una Mención a la Arquitectura y el Diseño por el espacio Home Living. La elección de materiales innovadores, como la piedra cristalis, confirma una práctica donde la técnica nunca se impone, sino que acompaña a la percepción. En sus exposiciones y proyectos, Bono ha trabajado junto a figuras internacionales del diseño, incorporando obras de artistas latinoamericanos y globales. Su estudio mantiene además una estrecha colaboración con Colección Sur, firma uruguaya dedicada al mobiliario, la iluminación y el diseño de autor de alta gama. Gustavo Bono se afirma como una de las figuras más relevantes del diseño interior uruguayo contemporáneo, con una proyección internacional que no diluye su identidad. Su obra no busca imponerse: propone. Y en esa propuesta —sobria, reflexiva, profundamente humana— contribuye a situar al diseño latinoamericano en un escenario global cada vez más atento a la experiencia de habitar.

 

LETICIA ACHARD

Hay trayectorias que se construyen a partir de cruces: entre disciplinas, geografías y miradas. La de Leticia Achard es una de ellas. Diseñadora de interiores uruguaya, fundadora y directora de Estudio 1601, su trabajo se reconoce por una sensibilidad contemporánea y ecléctica, donde el diseño no se limita al espacio físico, sino que dialoga con la fotografía y el diseño gráfico como lenguajes complementarios de una misma idea. Formada como Diseñadora de Interiores en la Universidad ORT, Achard amplió su horizonte en Berkeley, California, donde pasó dos años inmersa en la Escuela de Arte y Fotografía. Ese período dejó una marca visible en su obra: una atención particular a la composición, al encuadre, al modo en que la luz construye atmósferas y relatos. No se trata de interiores pensados para ser simplemente observados, sino de espacios concebidos para ser recorridos, habitados y, casi sin proponérselo, narrados a través de la imagen. Tras una etapa de trabajo en un estudio de arquitectura en Santiago de Chile —experiencia que consolidó una mirada más rigurosa y amplia del oficio— regresó a Uruguay y, en 2013, fundó Estudio 1601. Desde allí desarrolla proyectos residenciales y corporativos bajo la modalidad “llave en mano”, asumiendo el proceso completo: desde la concepción inicial hasta la ejecución minuciosa de cada detalle, mobiliario incluido. En su práctica, el control del conjunto no es una obsesión, sino una forma de coherencia. Su lenguaje combina modernidad y eclecticismo, con referencias al Mid Century Modern, muebles diseñados a medida, intervenciones artísticas y un uso del color que nunca es meramente decorativo, sino estructural. La luminosidad y la espacialidad funcionan como ejes constantes, al servicio de una convicción clara: los espacios deben ser vivibles, responder a las necesidades reales de quienes los habitan, sin resignar carácter ni identidad. Ese equilibrio entre estética y funcionalidad ha sido reconocido con Premios ADDIP en 2022 y 2023, y con el Premio al Diseño Nacional Uruguayo en 2023. Varios de sus proyectos residenciales, además, han sido distinguidos por Airbnb como Airbnb Plus, siendo los primeros en la región en alcanzar ese estándar internacional. En viviendas de Montevideo y Canelones, sus interiores se distinguen por la generosidad de la luz natural, la fluidez espacial y una mezcla cuidada de mobiliario contemporáneo, antigüedades y piezas restauradas. En el ámbito corporativo y comercial, el color se convierte en una herramienta estratégica para construir atmósferas y reforzar identidades de marca. Leticia Achard consolida así una obra que entiende el diseño como un cruce de disciplinas y una práctica atenta a la vida cotidiana. Una arquitectura interior donde cada decisión responde a una idea precisa: hacer del espacio un lugar auténtico, pensado para ser vivido antes que exhibido.

ATIPICO

Mónica Fadigati · Fiorella Tortorella

 

Hay estudios que nacen de una idea y otros que surgen de una coincidencia feliz. ATÍPICO pertenece a esta segunda categoría: el encuentro entre dos miradas distintas que, al reconocerse, deciden construir un lenguaje común. Fundado en Punta del Este por Mónica Fadigati y Fiorella Tortorella, el estudio se ha convertido en una referencia del diseño interior contemporáneo uruguayo por su enfoque creativo, funcional y deliberadamente femenino. Arquitecta de formación, Mónica Fadigati aporta al dúo una estructura técnica sólida y una experiencia afinada en el gerenciamiento de obras. Su paso por la empresa Zulamian la vinculó tempranamente a procesos complejos de coordinación y ejecución, incluyendo el diseño y equipamiento de unidades modelo del edificio Paramount. Su mayor fortaleza reside en la lectura precisa del espacio y en el desarrollo de mobiliario a medida, donde estética, funcionalidad y viabilidad económica se integran sin fricciones. Esa capacidad de traducir necesidades en soluciones concretas atraviesa hoy proyectos residenciales, comerciales y hoteleros en Punta del Este y la región esteña. Fiorella Tortorella, nacida en Maldonado, creció en un entorno donde la vida pública y la actividad comercial formaban parte del paisaje cotidiano. Desde muy joven mostró interés por la forma y la decoración, una vocación que profundizó junto al maestro Gino Moncalvo en Montevideo. Su aporte al estudio se expresa en una sensibilidad fresca y dinámica, atenta al detalle y a la experiencia cotidiana del usuario. La mirada femenina que atraviesa los proyectos de ATÍPICO encuentra en ella una de sus expresiones más nítidas. Juntas concibieron ATÍPICO como un estudio de diseño de interiores y mobiliario, pero también como un espacio donde el proyecto no concluye en el plano. Residencias, locales comerciales y hoteles conviven con una tienda de muebles y objetos cuidadosamente seleccionados o diseñados por ellas mismas. En apenas dos años de actividad, el estudio concretó 56 proyectos, cifra que habla tanto de una demanda sostenida como de una capacidad de trabajo rigurosa y constante. La identidad de ATÍPICO se apoya en el equilibrio: espacios amplios que conservan calidez, paletas neutras o tonos pastel, textiles y muebles a medida que integran sin imponerse. Cada proyecto funciona como una escenografía de vida, personalizada y flexible. Esa búsqueda se nutre también del contacto directo con la producción: Fadigati y Tortorella han recorrido fábricas y talleres en Brasil, Italia y España, encargando diseños propios y tejiendo una red internacional de proveedores. ATÍPICO se afirma como un estudio que entiende el diseño como una práctica cercana a la vida cotidiana. Creatividad, profesionalismo y atención al detalle se conjugan en una obra que no busca singularidad por el gesto extremo, sino por la coherencia. Una mirada contemporánea, cálida y precisa, que sitúa a Mónica Fadigati y Fiorella Tortorella entre las referentes indiscutidas del diseño interior uruguayo actual.

VICTORIA BROWN

Hay miradas que se forman antes de adquirir método, sensibilidades que anteceden a la técnica. En el caso de Victoria Brown, el diseño no aparece como una elección tardía, sino como la continuidad natural de un entorno atravesado por el arte, el paisaje y la observación atenta. Criada entre una madre paisajista y coleccionista y una abuela que la introdujo tempranamente en el universo creativo, su relación con el espacio se construyó desde la composición, el color y la materia entendidos como lenguajes. Formada como Diseñadora de Interiores en la Universidad ORT de Montevideo y con una Maestría en Diseño Residencial y Comercial en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, Brown consolidó una mirada sofisticada que combina rigor funcional con una sensibilidad profundamente estética. En 2016 fundó Victoria Brown Bureau, estudio desde el cual desarrolla proyectos residenciales, comerciales y de hospitalidad con una aproximación integral: arquitectura, interiorismo, mobiliario y arte concebidos como partes inseparables de un todo. Su trabajo se reconoce por una noción de lujo silencioso, atemporal, donde cada decisión responde a una lógica espacial precisa. La selección de materiales, el diseño de piezas a medida y la atención al detalle no buscan protagonismo individual, sino coherencia. En sus interiores conviven modernidad y clasicismo, con sutiles discordancias que enriquecen la experiencia del espacio. La luz, la textura y el color operan como herramientas narrativas, construyendo atmósferas más que escenarios. Las influencias que atraviesan su obra —del diseño francés moderno al art déco, del racionalismo danés a figuras como Louis Kahn, Le Corbusier, Axel Vervoordt, Picasso o Burle Marx— no aparecen como citas explícitas, sino como una cultura visual asimilada. Cada proyecto se concibe como una composición global, donde arquitectura, mobiliario y arte dialogan para contar una historia personal, ligada a la identidad y aspiraciones de quien habita el espacio. Victoria Brown se afirma como una de las voces más refinadas del interiorismo uruguayo contemporáneo. Su obra no impone un estilo, sino una manera de pensar el espacio: reflexiva, sensible y consciente de que diseñar es, ante todo, un acto de interpretación.

 

VALENTINA CANCELA

En una disciplina donde a menudo se privilegia la imagen final, Valentina Cancela trabaja desde un territorio menos visible y más exigente: la experiencia cotidiana del espacio. Su mirada se posa en aquello que acompaña la vida diaria —la luz que entra por una abertura restaurada, el recorrido silencioso de un baño, la textura que se repite bajo la mano— y desde allí construye una obra que conjuga funcionalidad, sensibilidad estética y bienestar emocional. Su práctica se ha consolidado especialmente en el ámbito residencial, con reformas complejas en zonas como Carrasco, donde Cancela aborda el proyecto como un ejercicio de interpretación. No se limita a intervenir sobre el mobiliario o la decoración: revisa la estructura, resignifica materiales, recupera elementos originales y los integra a un lenguaje contemporáneo. Pasado y presente conviven sin nostalgia, como capas de una misma historia que se actualiza. La iluminación ocupa un rol central en su trabajo, no como efecto sino como arquitectura invisible. Junto a una selección precisa de materiales y colores, permite que espacios de uso cotidiano —baños, cocinas, áreas de transición— se transformen en ámbitos de calma y pertenencia. Cada intervención es personalizada, pensada para quien la habita y no para un catálogo. Su participación en Montevideo Diseña 2025 confirmó esa sensibilidad. Allí presentó ambientes donde porcelanatos evocadores, mármol rojo ibérico y detalles lumínicos precisos componían una atmósfera equilibrada, atenta a la textura y al color como elementos estructurales del espacio. Nada sobraba, nada buscaba imponerse: el conjunto funcionaba como una experiencia coherente. Valentina Cancela se afirma como una voz sensible dentro del panorama contemporáneo del diseño uruguayo. Una práctica que entiende el interiorismo no como un gesto espectacular, sino como una construcción silenciosa de calidad de vida.

MANUELA PALLARES

Hay diseñadores que conciben el espacio como una suma de decisiones prácticas y otros que lo entienden como una experiencia sensible. Manuela Pallares pertenece, sin ambigüedades, a esta segunda estirpe. En su trabajo, el interior no es un mero contenedor de funciones, sino un territorio narrativo donde la materia, la luz y la escala dialogan para producir atmósferas. Formada en Diseño de Interiores en la Universidad ORT Uruguay, Pallares ha construido su práctica desde una comprensión rigurosa del proyecto, pero también desde una intuición afinada. Esa doble condición —técnica y sensorial— atraviesa su manera de intervenir tanto en espacios residenciales como comerciales, donde el minimalismo no opera como restricción formal, sino como herramienta de precisión. Nada sobra porque cada elemento cumple un rol dentro del relato espacial. Junto a Rafaela Keuliyan fundó e integró Signo Interiorismo y Arquitectura, una plataforma concebida para optimizar y ampliar espacios poniendo el foco en la comodidad, la funcionalidad y la experiencia del usuario. Paralelamente, Pallares desarrolló Signo Deco, su marca personal orientada al diseño, la decoración y la curaduría de productos de iluminación, entendidos como piezas capaces de transformar la percepción del espacio más allá de su función inmediata. Su participación en Montevideo Diseña 2025 marcó un punto de inflexión en su visibilidad pública. Allí desplegó una propuesta donde la estética industrial se cruzaba con una sensibilidad escenográfica, integrando materiales honestos y estímulos sensoriales en un conjunto coherente. El espacio dejaba de ser fondo para convertirse en experiencia viva, capaz de ser recorrida, habitada y recordada. El trabajo de Manuela Pallares se distingue por la capacidad de integrar lo urbano con lo íntimo, lo estructural con lo cálido. Sus proyectos —desde lofts reinterpretados hasta tiendas conceptuales— comparten un fuerte componente narrativo: cada material, cada textura, cada fuente de luz responde a una intención clara. Diseñar, en su universo, es contar una historia sin palabras.

 

CLAMA ARQUITECTURA

Hay estudios que entienden el espacio como una suma de formas y otros que lo conciben como una experiencia vital. CLAMA Arquitectura pertenece, sin ambigüedades, a esta última estirpe. Para su equipo, los espacios no son contenedores neutros ni ejercicios formales, sino escenarios sensibles que condicionan —y a veces revelan— la manera en que vivimos, sentimos y nos vinculamos con los otros. Allí encuentran su mayor estímulo y, también, el sentido profundo de su práctica. Integrado por Cecilia Lema Scarsi y Carolina Fernández Yusef, CLAMA se define como un estudio de arquitectura de múltiples escalas, con una identidad construida a partir del diseño y la materialización de espacios de alta calidad, siempre ajustados a las dinámicas reales de quienes los habitan. Cada proyecto comienza con una escucha atenta: hábitos, expectativas, ritmos de vida. El diseño no se impone como gesto autoral; se construye en diálogo. Cecilia Lema Scarsi, arquitecta egresada de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UDELAR, completó su formación con un Master in Integrated Architectural Design en ETSALS La Salle, en Barcelona. Su trayectoria articula práctica profesional, reflexión académica y participación en procesos de diseño integrado y urbano, con especial interés en metodologías participativas y en la arquitectura contemporánea como herramienta de transformación. En su trabajo, el proyecto aparece no solo como resultado, sino como relato y proceso. Desde la oficina ejecutiva, Carolina Fernández Yusef aporta una mirada rigurosa sobre la materialización de las ideas, garantizando coherencia entre concepto y obra construida. Juntas sostienen una práctica donde lo creativo y lo técnico se entrelazan sin jerarquías, entendiendo que la calidad arquitectónica se juega tanto en la idea inicial como en su correcta ejecución. CLAMA diseña proyectos a medida, apoyados en conceptos claros que buscan aportar calidad de vida tangible. Habitar, para ellas, es una experiencia sensorial completa: luz, escala, textura, sonido y emoción se articulan en equilibrio. El nombre del estudio funciona, así, como una declaración de principios: clamar por una arquitectura consciente, sensible y profundamente humana. Dentro del panorama contemporáneo uruguayo, CLAMA Arquitectura se posiciona como una práctica que entiende el diseño como un acto de responsabilidad y empatía. Una arquitectura sin estridencias, pensada para ser vivida plenamente, todos los días.

 

FIORELLA GALLI

Hay trayectorias que se construyen en la intersección entre oficio y curiosidad. La de Fiorella Galli es una de ellas. Diseñadora de interiores uruguaya, su trabajo se despliega con naturalidad entre espacios residenciales, comerciales y editoriales, siempre con una atención precisa a la experiencia del usuario y a la capacidad narrativa del diseño. Formada en la Universidad ORT, donde se graduó en 2005, Galli comenzó incluso antes de finalizar sus estudios a vincularse con el mundo editorial. Desde 2004 integra el equipo de la revista Arte y Diseño, una experiencia que afinó su mirada crítica y su manera de pensar los espacios desde el relato y la imagen. Desde 2007 ejerce de forma independiente, ampliando su campo de acción a interiores, exteriores, oficinas, locales comerciales, eventos y escenografías para cine y televisión. Su obra se caracteriza por un equilibrio sostenido entre funcionalidad y estética. Los proyectos evitan soluciones estandarizadas y buscan, en cambio, generar experiencias singulares. Entre sus trabajos más reconocidos se encuentra la remodelación de una agencia de publicidad —realizada junto a María Noel Fossati— que le valió premios a la excelencia en diseño de interiores. También ha desarrollado locales comerciales donde el espacio se vuelve parte activa del discurso de marca. El reconocimiento institucional acompañó ese recorrido. Galli ha sido distinguida en varias oportunidades por la Asociación de Diseñadores Interioristas Profesionales del Uruguay (ADDIP) y participó en el stand de Uruguay en la Expo Shanghái 2010, reforzando la proyección internacional del diseño nacional. En el centro de su práctica aparece siempre la colaboración. Fiorella Galli entiende el diseño como un proceso de confianza mutua, donde escuchar es tan importante como proponer. Cada proyecto se concibe desde la personalización, atendiendo a necesidades concretas sin perder una mirada creativa y contemporánea. Su trayectoria confirma que el diseño, cuando se ejerce con rigor y sensibilidad, puede ser funcional, expresivo y profundamente humano.

 

MARÍA CLARA GUERRA

Hay oficios que se aprenden con el tiempo y otros que se afirman con la constancia. El de María Clara Guerra pertenece a esta segunda categoría. Con más de dos décadas de trayectoria independiente, su trabajo se ha construido lejos de estridencias, sostenido por una práctica coherente que combina formación, experiencia y una comprensión profunda de la vida cotidiana de los espacios. Formada en el Centro de Diseño Industrial del Uruguay y con estudios junto a Gino Moncalvo, completó su aprendizaje inicial trabajando como ayudante de la interiorista Liliana Di Lorenzo. Desde entonces desarrolla proyectos para viviendas, comercios, empresas, hospitales y hoteles, acompañando cada proceso desde la idea inicial hasta la concreción final. Su obra se reconoce por una búsqueda constante de armonía. Paletas neutras funcionan como base para introducir contrastes medidos: textiles con textura, linos en tonos vivos, alfombras persas patchwork que aportan carácter sin desbordar el conjunto. Nada es azaroso, pero tampoco rígido. Los espacios respiran una elegancia serena, pensada para ser vivida. Entre sus proyectos más destacados se encuentran el equipamiento del Bar Sofitel Montevideo, el Casino del ex Bar Thays y la participación en Casa Bar Tilo, en José Ignacio. También ha desarrollado apartamentos “llave en mano” en Punta del Este, donde la funcionalidad clara y la atención al detalle definen cada decisión. María Clara Guerra representa una figura sólida del interiorismo uruguayo contemporáneo. Su obra demuestra que el diseño, cuando es honesto y bien pensado, no necesita explicarse: se habita.

NARCISO ESTUDIO

Hay proyectos que nacen de una estrategia y otros que surgen de una afinidad profunda. Narciso Estudio pertenece a este segundo grupo. Fundado por Federico Legaspi y Maral Guluzian, diseñadores formados en la Licenciatura en Diseño de Interiores de la Universidad ORT, el estudio es el resultado natural de años de trabajo compartido y de una manera común de entender el diseño. Desde la etapa universitaria desarrollaron proyectos en conjunto, afinando un método colaborativo basado en la complementariedad. A fines de 2020, el encargo de una tienda marcó el inicio formal de su práctica profesional y, en 2021, la creación de Narciso Estudio como espacio propio. Desde entonces, su trabajo busca dejar una impronta clara y reconocible. Su enfoque parte de una premisa exigente: los espacios también se habitan desde la experiencia cultural. Federico y Maral diseñan como usuarios atentos; recorren ciudades, viajan, observan cine y arquitectura, y transforman esas referencias en proyectos con identidad. Cada espacio se concibe como un relato donde estética y funcionalidad avanzan juntas. La comunicación ocupa un lugar central en su metodología. El diálogo fluido con clientes y proveedores, la planificación rigurosa y la claridad de los entregables digitales construyen confianza desde el inicio. El proceso importa tanto como el resultado. Narciso Estudio colabora con marcas como Kave Home y participa activamente del interiorismo uruguayo contemporáneo, sosteniendo una identidad propia en un contexto saturado de tendencias. Su apuesta es clara: confiar en el valor del trabajo bien hecho y en una voz construida con tiempo y coherencia.

 

FARO

FARO es un estudio que entiende el espacio desde una mirada integral, donde arquitectura, interiorismo y atmósfera forman parte de una misma construcción sensible. Liderado por Silvia Ruiz, Aldana Van Velthoven y Fabrizio Regusci, el estudio desarrolla una línea de trabajo donde los proyectos buscan equilibrio entre precisión, calidez y una lectura muy cuidada de los materiales.

El diseño del estudio trabaja permanentemente con la luz, con las texturas y con el modo en que cada ambiente será habitado. Esa condición se percibe en proyectos donde predominan las maderas nobles, las piedras naturales, las superficies limpias y una composición que evita el exceso para concentrarse en la permanencia de lo esencial.
Sus proyectos muestran una clara intención de construir espacios habitables. Espacios donde el mobiliario integrado, la iluminación y la elección de cada plano material participan de una narrativa muy presente.

Hay en el estudio una sensibilidad que entiende que hoy el lujo no pasa por la acumulación, sino por la calidad del vacío, por la proporción y por la forma en que un espacio logra transmitir calma. Esa lectura atraviesa sus proyectos y posiciona al estudio dentro de una generación que trabaja con un lenguaje internacional, pero con una interpretación local muy bien medida.

NATY FRAENKEL

Naty Fraenkel pertenece a una generación de interioristas uruguayos que ven el diseño como una construcción integral del habitar. En sus proyectos se deja ver una mirada donde cada espacio —desde el mobiliario hasta la luz, desde las texturas hasta la circulación— forma parte de una composición precisa y profundamente sensible.

Su trabajo se reconoce por una manera muy particular de equilibrar sofisticación y cercanía. Hay una búsqueda constante por crear diseños serenos, cálidos y contemporáneos, donde la materialidad adquiere protagonismo sin necesidad de estridencias. Maderas naturales, mármoles, superficies neutras y piezas cuidadosamente elegidas conviven en espacios que transmiten una elegancia silenciosa, siempre ligada al modo real de habitar.

Su lenguaje es la capacidad de diseñar espacios que se sienten personales. Nada aparece impuesto; los proyectos parecen construido a partir de quien lo vive, de sus ritmos, de sus necesidades y de una lectura muy fina de la vida cotidiana. Esa condición hace que sus interiores impresionen de inmediato, y permanece. En varias de sus obras recientes se percibe además una sensibilidad muy clara hacia el detalle, muebles a medida, resoluciones de iluminación integradas y una composición espacial donde todo parece encontrar su lugar natural. Hay en su trabajo una idea de confort sofisticado, donde el diseño se exhibe, y también acompaña.

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