La primera mujer nepalí en coronar los catorce picos del planeta
Hay vidas que parecen escritas de antemano por la geografía, y la de Dawa Yangzum Sherpa es una de ellas: nació a cuatro mil doscientos metros sobre el nivel del mar, en el valle nepalí de Rolwaling, bajo la sombra literal del Everest, en un mundo donde la montaña no era un horizonte lejano sino la condición misma de la existencia cotidiana, y donde, sin embargo, ser mujer significaba tener vedado aquello que los hombres del pueblo practicaban como oficio: subir. Los varones se hacían sherpas y guías; a las niñas, la tradición les reservaba otro destino, uno que no incluía las cumbres. Contra esa arquitectura invisible de expectativas —la que separa lo que un cuerpo puede hacer de lo que un cuerpo tiene permitido hacer— se alzó, desde muy temprano, la voluntad de esta mujer que hoy, treinta y cuatro años después de su nacimiento en las montañas, se ha convertido en la primera nepalí en coronar los catorce ochomiles del mundo.
La escena fundacional tiene la nitidez de una fábula, aunque sea enteramente cierta: en la escuela, cuando la maestra preguntó a los niños qué querían ser de grandes, la mayoría respondió que maestros; ella dijo que subiría el Everest, y el aula entera estalló en risas. No había televisión en su infancia —solo la radio, y en ella, de tanto en tanto, la noticia de que alguien había coronado la montaña más alta de la Tierra—, pero había algo más determinante que cualquier pantalla: la certeza, transmitida por la experiencia diaria del valle, de que las mujeres de su pueblo cargaban peso y levantaban construcciones con una fuerza que no envidiaba a la de los hombres que partían a trabajar la temporada de ascensos en Katmandú. A los trece años, sin que nadie le dijera que debía hacerlo —al contrario: le dijeron que era casi imposible—, Dawa Yangzum abandonó su casa para seguir esos pasos.
Su primer ascenso ocurrió en su propio valle, y la convirtió en la primera mujer local en recorrer ese camino, aunque su destino verdadero estuviera en otra parte: «En esa época, el Everest era el sueño de mi vida», ha dicho. Tras entrenarse en escalada de hielo y roca en el célebre Khumbu Climbing Center de Nepal, llamó la atención de uno de sus fundadores, quien la eligió para una expedición al Everest; dos años después, en 2012, con apenas veintiún años, alcanzó la cumbre del pico más alto del planeta, e invirtió las ganancias de aquella hazaña en convertirse en guía de montaña. «Pensaba que, si escalaba el Everest una vez, ya no necesitaría nada más. Que lo subiría una vez y eso me alcanzaría para toda la vida. Pero mi historia recién empezaba ahí», recordaría más tarde.
Dos años después de aquel Everest, integró el primer equipo íntegramente femenino de Nepal en coronar el K2 —la «Montaña Salvaje», la más letal del mundo—, y se convirtió, en ese momento, en la mujer más joven en haberlo logrado. Siguió entrenando junto a la Asociación Nepalí de Guías de Montaña Nacional mientras perseguía la certificación de la Federación Internacional de Asociaciones de Guías de Montaña (IFMGA), que habilita a liderar expediciones en los entornos alpinos más exigentes del planeta; en cinco años se convirtió en la primera mujer nepalí y asiática en obtener ese reconocimiento. En 2019 participó en la histórica Expedición Perpetual Planet al Everest, organizada por Rolex y National Geographic, en la que se instalaron las dos estaciones meteorológicas más altas del mundo y se extrajo el testigo de hielo más elevado jamás registrado, en lo que constituyó la expedición científica más completa realizada jamás en esa montaña.
Uno de los momentos de mayor orgullo llegó en 2021, cuando coronó el Annapurna convertida en la primera mujer nepalí en hacerlo sin oxígeno suplementario; con una de las cumbres más difíciles del mundo ya conquistada, comenzó a imaginar seriamente la posibilidad de completar los catorce ochomiles del planeta. En 2022 se sumó, como testimonial, a la larga tradición de Rolex de acompañar a figuras que empujan los límites de la hazaña humana, una tradición que se remonta a la expedición británica al Everest de 1933 y a la histórica expedición de sir John Hunt en 1953, cuando sir Edmund Hillary y Tenzing Norgay se convirtieron en los primeros seres humanos en pisar la cima del mundo. A través de la Perpetual Planet Initiative —lanzada en 2019, y hoy con más de treinta socios activos en las áreas de océanos, paisajes, y ciencia, salud y tecnología—, la marca respalda además el curso de escalada en hielo y roca que Dawa Yangzum dicta a mujeres y niñas nepalíes, y que ella misma soñó, de niña, sin saber que algún día lo dirigiría. «Recibí mucho apoyo de Rolex durante los catorce picos, y también para mi curso de entrenamiento de chicas. No solo me han apoyado a mí, sino a muchas hermanas y hermanos a través de mí», ha dicho.
El último de los ochomiles, el Shishapangma, estuvo a punto de convertirse en tragedia antes que en triunfo. Dawa Yangzum inició su ascenso en octubre de 2024 con una confianza relativa —era, entre los catorce, uno de los picos de menor exigencia técnica—, pero la expedición se topó con la muerte: cuatro de sus amigos fueron arrastrados por avalanchas, y ella debió retroceder. Fue su primera experiencia de un desastre semejante en una expedición, y pasarían meses antes de que pudiera siquiera contemplar la idea de volver a intentarlo. Exactamente un año después, cargando el peso de quienes la habían precedido en ese camino, desafió de nuevo la montaña. Tras un ascenso cargado de emoción, alcanzó finalmente la cima, con la historia entera de su viaje —los récords, las pérdidas— desplegándose ante ella: se había convertido, con esa cumbre final, en la primera mujer nepalí en completar los catorce picos del mundo.
«Cuando empecé esta carrera, jamás pensé que llegaría a este nivel. Como una chica que viene de una familia sencilla, estoy muy orgullosa», ha dicho. «No se trata solo de mí, sino de todo Nepal. Antes no teníamos a nadie a quien mirar, y ahora escucho que las chicas jóvenes están orgullosas de mí.» Hoy dirige cursos de técnicas de alta montaña para jóvenes nepalíes, y comparte con ellas no solo sus triunfos sino las luchas y los sacrificios que los hicieron posibles. Nueve meses después de coronar su decimocuarto pico, Dawa Yangzum dio a luz a su hija, Tashi, a quien recientemente llevó a Nepal para mostrarle las montañas que dieron forma a su vida. «Las montañas tratan a todos por igual. Estoy aquí gracias a las montañas. Si no las hubiera escalado, no habría llegado a este lugar en la vida», dice, y en esa frase final —tan simple, tan despojada de retórica— se cifra acaso toda la lección de su historia: que las cumbres, cuando se las conquista contra el peso entero de una tradición que las negaba, dejan de pertenecer solo a quien las pisa.
Sobre la Perpetual Planet Initiative
Rolex celebra el logro humano, reconociendo esos trayectos jalonados de hitos y de emociones que culminan en momentos decisivos, y a lo largo de casi un siglo ha respaldado a exploradores pioneros en la conquista de incontables hazañas históricas, desplazando con el tiempo su vocación de la exploración por la exploración misma hacia la protección del planeta: a través de la Perpetual Planet Initiative, lanzada en 2019 y hoy con una cartera de más de treinta socios activos en tres grandes áreas —océanos, paisajes, y ciencia, salud y tecnología—, la marca se sitúa junto a quienes construyen un futuro mejor para toda forma de vida en la Tierra. En el ámbito de los océanos, Rolex respalda proyectos como Mission Blue y su testimonial Sylvia Earle, el trabajo de Cristina Mittermeier y Paul Nicklen, y la iniciativa Coral Gardeners; en el de los paisajes, una alianza fortalecida con la National Geographic Society, las organizaciones Rewilding Argentina y Rewilding Chile —herederas de Tompkins Conservation— y las expediciones de Steve Boyes reunidas bajo el nombre de Great Spine of Africa; y en ciencia, salud y tecnología, a laureados de los Rolex Awards como Andrew Bastawrous, Felix Brooks-church y Miranda Wang. La marca sostiene, además, organizaciones e iniciativas que forman a la próxima generación de exploradores, científicos y conservacionistas, entre ellas la Royal Geographical Society, The Explorers Club y la CERN & Society Foundation.
Fotografias Arnaud Montagard / Franck Gazzola













