IXOU y ELEMENTAL presentan, sobre la Rambla Gandhi, un proyecto que piensa la vivienda desde la escucha del entorno
Hay predios que parecen esperar su edificio, y el de CUMBRE —ocho por dieciocho metros apenas, encajado entre medianeras en un tramo consolidado y decisivo de la costa montevideana— pertenece sin duda a esa estirpe de terrenos que exigen, antes que un proyecto, una lectura: de la calle, de la altura de los vecinos, de la vida que ya transcurre ahí desde hace décadas, de la memoria urbana que sostiene ese fragmento de ciudad y que ningún arquitecto honesto puede darse el lujo de ignorar. Víctor Oddó, socio de ELEMENTAL y responsable del proyecto, lo entendió desde el primer día, y lo resume con una precisión que no necesita adornos: «Cuando el lote es así de angosto, la arquitectura tiene que encontrar su lugar sin forzar la calle». De esa frase se desprende el gesto entero del edificio, que en lugar de someterse al encajonamiento de las medianeras opta por despegarse de ellas, por respirar, por construir una presencia serena que complementa la trama sin diluirse en ella y que completa la cuadra con un ademán plástico singular, discreto y a la vez inconfundible.
Un vínculo lúcido entre desarrollador y estudio hace posible esta clase de libertad, y en el caso de CUMBRE ese vínculo fue, según cuenta Oddó, sorprendentemente fluido: IXOU escuchó, habilitó, permitió que ELEMENTAL explorara sin la presión habitual de repetir fórmulas ya probadas, de modo que la arquitectura, en este caso, no nació de la negociación sino de la conversación —y quizás ahí resida buena parte de lo que distingue al edificio de tantos otros que crecen sobre la misma rambla.
La lectura de la cuadra completó la operación de un modo que revela la agudeza de la mirada más que la del cálculo: Oddó reparó en algo que a la mayoría se le escapa, y es que los balcones de los edificios vecinos, colgados sobre la calle desde hace años, apenas se usan, son más costumbre heredada que vida cotidiana. Esa constatación, aparentemente menor, terminó redefiniendo el proyecto entero. «Si los balcones no se habitan, entonces la verdadera terraza tiene que estar adentro», dice, y de ahí nace la idea que organiza el corazón doméstico de CUMBRE: un living, un estar-comedor concebidos como exterioridad íntima, no como un interior que simplemente mira hacia afuera sino como un espacio que incorpora la cualidad de lo exterior desde dentro, con luz franca y profundidad visual y una continuidad espacial que se activa con la sencillez luminosa que el propio Oddó describe: «basta abrir las ventanas».
Esa exactitud —porque en una zona donde cada edificio carga memoria y donde la costa forma parte de la identidad cotidiana de quien la habita, la arquitectura no puede permitirse la estridencia, solo la precisión— se sostiene también en las decisiones técnicas del proyecto. Un tragaluz central conecta y equilibra las áreas privadas y públicas de cada departamento, maximizando la entrada de luz natural y templando así el clima interior de toda la vivienda. La planta baja recibe con un hall que se abre tanto hacia la rambla como hacia la calle Francisco Vidal, mientras que los subsuelos alojan el espacio wellness del edificio, con su piscina interior climatizada, su sauna, sus vestuarios y un gimnasio equipado con aparatos de primer nivel; en el último piso, un sector de parrilleros y living remata el conjunto con vista abierta hacia el río. El edificio cuenta, además, con certificación LEED, el sistema desarrollado por el Consejo de la Construcción Verde de Estados Unidos para acreditar prácticas constructivas que reduzcan el impacto ambiental y optimicen el uso de los recursos.
Detrás de esa exactitud está, desde luego, ELEMENTAL, el estudio chileno fundado en dos mil uno en Santiago por Alejandro Aravena junto a sus socios Gonzalo Arteaga, Juan Cerda, Víctor Oddó y Diego Torres, que se definió desde el origen no como un think tank sino como un do tank, una oficina orientada a producir soluciones concretas antes que diagnósticos abstractos. Esa vocación de intervenir en lo real —que llevó al estudio desde la vivienda social de Quinta Monroy, en Iquique, hasta la reconstrucción de Constitución tras el terremoto de dos mil diez, y de ahí a obras en México, en Estados Unidos, en China, en Suiza y en Qatar— fue lo que el jurado del Pritzker reconoció en dos mil dieciséis al distinguir a Aravena con el galardón más importante de la disciplina, un Pritzker sudamericano que lo convirtió en el primer arquitecto chileno en recibirlo y que inscribió a ELEMENTAL en una tradición de diseño participativo y de compromiso social que sus proyectos —exhibidos en el MoMA, en la Bienal de Venecia, en la Triennale de Milán— no han dejado de honrar desde entonces.
Ese linaje es el que ahora desembarca en Montevideo, sobre un lote angosto de Punta Carretas donde, según parece, la escala del desafío nunca estuvo en las medidas del terreno sino en la calidad de la mirada que se posó sobre él.
Entrevista a Víctor Oddó
ELEMENTAL
Hay arquitectos que construyen edificios y hay arquitectos que construyen, además, la manera en que un país entero piensa la vivienda: a la segunda estirpe pertenece Víctor Oddó, socio de ELEMENTAL, estudio creado en 2001 y dirigido por el ganador del premio Pritzker 2016 Alejandro Aravena por demostrar que el diseño puede ser, también, una herramienta de justicia social. Junto con Gonzalo Arteaga, Juan Cerda, y Diego Torres, dieron forma a proyectos que definieron ese giro, como el Teatro Municipal de Constitución, levantado sobre las ruinas que dejó el terremoto de dos mil diez, y Villa Verde, un conjunto de 480 viviendas incrementales estructuradas en madera, diseñadas para ser completadas por las propias familias, entre otros.
Víctor Oddó ha estado a cargo de las comunicaciones del estudio, participando en la traducción en palabras de una filosofía que terminó convertida en referencia obligada para quien piensa la vivienda social en cualquier latitud. De esa misma sensibilidad nace su participación en CUMBRE, el proyecto que lo trajo hasta la calle Francisco Vidal y hasta esta entrevista.
- Cuando el estudio se enfrentó por primera vez al terreno de la rambla Gandhi, con el río imponiendo su presencia como un límite que no admite negociación y la ciudad reclamando, detrás, su propia continuidad,
¿Cuál fue el gesto inicial, la primera decisión de la que se derivaron todas las demás, aquella que definió que Cumbre fuera esto y no otra cosa?
VO: El proyecto parte de una condición extrema: un lote de apenas 8 metros de ancho, atrapado entre edificios existentes y abierto en sus dos extremos, hacia el mar y hacia la ciudad.
En lugar de entender esta estrechez como una limitación, la propuesta la convierte en una oportunidad: llevar la estructura hasta el límite del lote para liberar su interior, estableciendo una relación transversal entre ambas fachadas.
- En un edificio de apenas once residencias distribuidas en trece pisos, donde cada metro cuadrado exige una justificación que la vivienda masiva rara vez requiere, ¿cómo se decide qué se sacrifica y qué se conserva —la vista, la intimidad, la relación con el jardín vertical, la proximidad con el vecino— sin que el proyecto termine cediendo a la lógica exclusivamente inmobiliaria del desarrollador?
VO: Reducir los componentes duros de la estructura y concentrarlos en los bordes permite que el centro del edificio deje de estar rígido. De esta manera, la planta puede ser ocupada y transformada con mayor libertad, haciendo de la flexibilidad interior una consecuencia directa de la estructura.
- Si uno recorre las ciudades del sur del continente —Montevideo, Santiago, Buenos Aires, São Paulo— encuentra una arquitectura que con frecuencia mira hacia el norte global en busca de validación, como si la legitimidad tuviera que llegar siempre de otra parte; ¿existe, a su juicio, algo que pueda llamarse propiamente una arquitectura latinoamericana, con una lógica y una temperatura propias, o se trata más bien de una ilusión que los propios arquitectos sostenemos por necesidad?
VO: Por nuestra parte, siempre tratamos de distanciarnos de los estilos y las tendencias. Nos preocupa que la definición de cada propuesta sea pertinente a sus condiciones locales: la cultura, la materialidad, el paisaje, el presupuesto. Son esas condiciones las que, en conjunto, dan forma al proyecto.
En este caso, frente al Río de la Plata y el Atlántico, la propuesta se construyó a partir de una estrategia estructural: descargar un peso verticalmente hasta el suelo. Una operación sencilla, pero de enorme potencia, y una de las muchas lecciones que aprendimos del arquitecto argentino Rafael Iglesia, a quien citamos aquí como una referencia directa.
- Usted ha dicho, en distintas ocasiones, que Elemental prefiere pensar en términos de «hecho arquitectónico» antes que de obra o de estilo; ¿qué significa, para usted, que un edificio se convierta en un hecho, y qué tendría que ocurrir en las próximas décadas para que las ciudades del sur del continente dejen de recibir la arquitectura como un objeto importado y empiecen a producirla como una respuesta genuinamente propia a sus propios problemas?
VO: Un edificio se vuelve propio de un lugar cuando su diseño es capaz de responder a las restricciones y condiciones que ese lugar impone. La normativa local, la escala, el clima, el paisaje, la cultura, los materiales disponibles e incluso las limitaciones del terreno no deberían entenderse como obstáculos, sino como parte de la materia prima del proyecto.
Cuando estas condiciones son incorporadas desde el inicio, la arquitectura deja de ser una forma que podría estar en cualquier parte para convertirse en una respuesta específica a un lugar determinado. Es precisamente esa capacidad de transformar las restricciones en oportunidades la que permite que un edificio sea genuino y pertinente: que no responda a un estilo preestablecido, sino a las condiciones concretas que lo hacen posible.
- Acerca del vínculo del Estudio con el Desarrollador, IXOU, ¿cómo definiría Usted la tensión natural entre ambos?
VO: Normalmente, la tensión se produce cuando las fuerzas en ejercicio van en direcciones opuestas. En el caso de la relación con la empresa Desarrolladora Ixou y Elemental, se produjo lo contrario, una sintonía y sincronía en todas las etapas del diseño, incluido el proceso de construcción.









