Hay edificios que se conciben para ser habitados y otros que se proyectan para ser pensados. El Building 337 del campus de Novartis en East Hanover pertenece a esta última categoría: no es solo un lugar de trabajo, sino una estructura espacial diseñada para acompañar el movimiento incesante de la investigación científica, esa actividad que avanza, retrocede, se reorganiza y vuelve a empezar.
El proyecto de Rafael Viñoly Architects propone un entorno laboral flexible, equipado con la tecnología necesaria para el desarrollo de tratamientos contra el cáncer. La idea central es tan clara como ambiciosa: dos espacios de trabajo continuos que giran en espiral alrededor de un gran atrio central, conformando un único ambiente ininterrumpido. No hay compartimentos estancos ni jerarquías rígidas; hay, en cambio, una continuidad espacial que favorece la conectividad, el intercambio y la colaboración entre investigadores, al tiempo que permite que los grupos de trabajo se expandan o se contraigan según lo exija el devenir de la ciencia. Todas las oficinas y áreas de trabajo se organizan a lo largo de estas dos espirales entrelazadas, conectadas por rampas de pendiente suave que vuelven casi imperceptible el paso entre niveles. La circulación no se impone: se desliza. Escaleras y pasarelas atraviesan el vacío del atrio, enlazando ambos recorridos y ofreciendo múltiples alternativas de desplazamiento, como si el edificio invitara a perderse ligeramente para encontrarse con otros.
En la planta baja, un restaurante y un centro de conferencias anclan la vida cotidiana del edificio. A lo largo de las espirales aparecen pequeñas salas de reunión y áreas de descanso que parecen flotar en el espacio central, suspendidas en el aire del atrio. En los extremos de cada recorrido, dos terrazas exteriores ofrecen un lugar para el encuentro informal, recordando que incluso en los entornos más exigentes el trabajo necesita pausas. El atrio y los espacios de trabajo —que albergan unas 800 estaciones— reciben luz natural en toda su extensión gracias a una envolvente de alto rendimiento: una fachada de muro cortina triple vidriada y una gran claraboya que envuelven el edificio. Seis salas de conferencias suspendidas, completamente revestidas en vidrio, refuerzan esta idea de transparencia. Sus ocupantes pueden decidir el grado de privacidad mediante un sistema de bajo voltaje que modifica las propiedades visuales del vidrio laminado, pasando de lo transparente a lo translúcido con un gesto mínimo.
La ambición tecnológica del edificio no se limita a la flexibilidad espacial. Desde su concepción, el proyecto incorporó sistemas destinados a reducir el consumo energético y a integrar soluciones sustentables de alto nivel. Un sistema mecánico de vigas frías, ruedas de recuperación de energía, fachadas y cubiertas de doble aislamiento, aletas estructurales que actúan como protección solar y células fotovoltaicas perforadas que cubren el techo y filtran la luz hacia el interior conforman un conjunto coherente de decisiones técnicas al servicio de la eficiencia.
La planta continua, sin interrupciones innecesarias, garantiza que el edificio pueda adaptarse a los cambios inevitables del entorno laboral contemporáneo. Nada aquí parece definitivo, y sin embargo todo está pensado para durar. Como la investigación misma, el Building 337 no ofrece respuestas cerradas: ofrece un marco flexible donde las preguntas pueden formularse una y otra vez.
En ese equilibrio entre rigor y apertura, entre tecnología y humanidad, la arquitectura cumple su papel más discreto y alto: crear las condiciones para que el conocimiento avance.
Fotografías Bruce Damonte / Estudio Viñoly










