20 Fenchurch Street. Estudio Viñoly

Hay edificios que se levantan para cumplir una función y otros que parecen haber sido concebidos para discutir con la ciudad que los rodea. 20 Fenchurch Street pertenece a esta segunda estirpe. Concebido en 2004 por Rafael Viñoly Architects, el proyecto surge en un punto neurálgico del corazón financiero de Londres, en el borde mismo del Eastern Cluster, allí donde la ciudad histórica ensaya su diálogo más intenso con la verticalidad contemporánea.

El terreno es compacto, casi reticente, y sin embargo la respuesta arquitectónica no es defensiva. Por el contrario, el edificio se atreve a invertir una convención largamente aceptada: en lugar de adelgazar hacia el cielo, ensancha sus plantas a medida que asciende. Esa decisión —tan simple en apariencia, tan radical en sus consecuencias— permite ganar superficie útil en los niveles superiores, los más codiciados, y al mismo tiempo redefine la silueta de la torre, que se curva con una suavidad casi orgánica hasta alcanzar los 160 metros de altura. Coronando el edificio, como un gesto deliberadamente cívico, aparece el Sky Garden: tres niveles suspendidos en el aire que albergan jardines, terrazas abiertas y restaurantes. Es el primer espacio verde público y gratuito situado en la cima de un edificio en Londres. Desde allí, la ciudad se ofrece en un giro completo de 360 grados, como si el visitante pudiera, por un instante, abarcar con la mirada la complejidad de la metrópoli y reconciliarse con ella.

El programa del edificio es tan preciso como ambicioso: treinta y dos niveles de oficinas de categoría A, un lobby de doble altura en planta baja y, en lo más alto, ese jardín suspendido que rompe la frontera entre lo privado y lo público. La torre no se impone al skyline; dialoga con él. Su perfil curvo completa el arco trazado por las torres del Eastern Cluster y establece una relación visual clara con el río Támesis, ese hilo persistente que organiza la memoria de Londres. El sitio ocupa casi por completo una manzana delimitada por Fenchurch Street, Eastcheap Street, Rood Lane y Philpot Lane. Durante la etapa conceptual se exploraron múltiples alternativas, siempre bajo dos principios rectores: respetar el perfil descendente del conjunto de torres existentes e invertir el volumen tradicional del edificio. El resultado es una base esbelta que libera el suelo y crea plazas abiertas, recorridos peatonales y un pequeño parque público que conecta Rood y Philpot Lanes, una contribución significativa al tejido urbano de la City.

Al sur del predio, un edificio anexo de cinco niveles incorpora espacios comerciales y prolonga la vitalidad del conjunto hacia la calle. La generosidad del espacio público accesible no fue un gesto retórico: con el tiempo, se convirtió en un estándar de referencia para desarrollos posteriores en la zona. La fachada acompaña esta lógica de apertura y eficiencia. Lamas verticales protegen del sol las orientaciones este y oeste, siguiendo la geometría en abanico del edificio y envolviendo la cubierta y el Sky Garden. En las fachadas norte y sur, amplias superficies vidriadas maximizan las vistas. En particular, el muro cortina de los niveles superiores del frente norte se extiende hasta encontrarse con las lamas arqueadas del techo, creando una gran ventana urbana que recorre toda la altura del jardín aéreo.

La ambición formal no se separa del compromiso ambiental. El edificio cuenta con certificación BREEAM Excellent y hace un uso intensivo de recursos naturales y renovables. Un sistema de trigeneración mediante celdas de combustible produce simultáneamente electricidad, calor y frío a partir de una única fuente, generando 300 kW de energía de bajas emisiones. Integrado a un sistema combinado de calefacción, refrigeración y energía, reduce las emisiones de CO₂ en unas 270 toneladas anuales.

20 Fenchurch Street no es solo una torre de oficinas. Es un experimento urbano donde lo público y lo privado se entrelazan, donde la eficiencia técnica convive con la ambición simbólica. Con el paso del tiempo, el edificio ha dejado de ser únicamente una obra destacada de la arquitectura contemporánea para convertirse en una imagen icónica de Londres. Su silueta inconfundible, reconocible incluso para quienes no conocen su nombre ni su programa, se ha instalado en el imaginario visual de la ciudad.

No es casual que los directores de cine recurran a ella cuando necesitan situar una historia en Londres sin recurrir a los clichés evidentes: basta un plano, una curva suspendida contra el cielo gris, para que el espectador sepa dónde está. Como ocurre con los grandes hitos urbanos, el edificio ha trascendido su condición material para convertirse en signo, en atajo visual, en una forma de narrar la ciudad sin palabras.

Fotografías Will Pryce / Estudio Viñoly

Ads

Lecturas recomendadas

FC 179
Leer más
IMG_1673
Leer más
caballo
Leer más