En el corredor metropolitano que conecta Montevideo con la Ciudad de la Costa, un nuevo desarrollo urbano propone transformar un territorio históricamente intermedio en un barrio denso, abierto y ambientalmente sostenible.
Cuando el territorio empieza a volverse ciudad
A ciertas horas de la tarde, cuando el tránsito se diluye y el viento del Río de la Plata cruza
sin obstáculos los terrenos abiertos, recorrer la Avenida Ingeniero Luis Giannattasio todavía
permite reconocer algo del paisaje que durante décadas definió este lugar. Casas bajas
dispersas, algunos comercios solitarios, lotes vacíos donde la ciudad parecía haberse
detenido a mitad de camino. Durante mucho tiempo ese fue el carácter del corredor que
conduce hacia la Ciudad de la Costa: un territorio intermedio, suspendido entre el campo y
la ciudad, entre el balneario y la metrópolis. Un lugar donde la expansión urbana avanzaba
con cautela, casi tanteando el terreno. Pero las ciudades rara vez permanecen quietas. Con
el paso de los años, el crecimiento del área metropolitana de Montevideo comenzó a
desplazarse con mayor decisión hacia el Este. Nuevas viviendas, nuevos servicios y nuevas
rutas cotidianas fueron transformando lentamente ese paisaje de transición. Es en ese
contexto donde aparece GIANNATTASIO, un desarrollo urbano que propone convertir uno
de esos espacios intermedios en un nuevo fragmento de ciudad.
“Las ciudades no siempre crecen donde las dibujan los planos: crecen donde las empuja la vida cotidiana.”
Construir ciudad en el corredor del Este
Ubicado en el kilómetro 27.500 de la avenida que le da nombre, el proyecto se concibe
como algo más que un conjunto de edificios. Su ambición es claramente urbana: construir
un barrio completo capaz de integrarse a la trama existente y consolidar un nuevo polo de
actividad en el corredor metropolitano del Este. El diseño arquitectónico fue desarrollado por
los estudios de Carlos Ott y Carlos Ponce de León. El emprendimiento es impulsado por
HMR Desarrollos Inmobiliarios y Cujó S.A., con gerenciamiento de EXAT Consulting.
El complejo prevé 1.162 unidades de Vivienda Promovida y Plan Entre Todos, organizadas
en 21 edificios de entre cuatro y once niveles, agrupados en ocho torres que combinan
viviendas de uno, dos y tres dormitorios. La escala del programa es significativa. Sin embargo, lo más interesante del proyecto no está únicamente en su tamaño, sino en la manera en que aborda una cuestión central del urbanismo contemporáneo: la densidad.
La densidad como herramienta de ciudad
Durante décadas, la expansión urbana de la Ciudad de la Costa se apoyó principalmente en
modelos de baja densidad: lotes amplios, viviendas aisladas y un tejido relativamente
disperso. GIANNATTASIO propone una lógica distinta.
Los edificios concentran población sin saturar el suelo. El conjunto ocupa apenas el 48 %
del predio, liberando amplias superficies destinadas a espacios verdes y áreas comunes
distribuidas entre los distintos volúmenes edificados. La volumetría introduce además una
transición cuidadosa con el entorno. A medida que el proyecto se aproxima a los barrios
consolidados, las alturas disminuyen gradualmente, generando una mediación entre la
escala del nuevo conjunto y la del tejido existente. En operaciones urbanas de esta escala,
la relación con el contexto suele ser tan importante como la arquitectura misma.
“La densidad, cuando está bien pensada, no es una amenaza para la ciudad: es una de sus formas más eficaces de producir vida urbana.”
Un barrio pensado para mezclarse con la ciudad
Uno de los aspectos más relevantes del proyecto es su voluntad de integrarse al territorio en
lugar de aislarse de él. La planificación se desarrolló en coordinación con la Intendencia de
Canelones y la Agencia Nacional de Vivienda, dentro de un modelo de colaboración público-
privada orientado a ampliar la oferta de vivienda sin renunciar a la calidad urbana.
El predio se estructura mediante nuevas calles que prolongan la trama existente y permiten
que el barrio dialogue con su entorno inmediato. Entre los edificios aparecen plazas
interiores, senderos peatonales y áreas arboladas que configuran una red de espacios
colectivos. Allí se ubican parrilleros con pérgolas, salones de usos múltiples y áreas de
encuentro pensadas para extender la vida doméstica hacia el espacio común.
“Un barrio no se construye solo con edificios; también con los espacios donde la vida doméstica se vuelve colectiva.”
Arquitectura abierta, vida diversa








