En los últimos años, la franja de lagos entre Carrasco y Parque Miramar se ha
convertido en uno de los territorios más activos para el desarrollo residencial de
Montevideo. En ese contexto aparece Cristalinas, un proyecto de Kopel Sánchez que
busca instalar una nueva escala en el paisaje del este de la ciudad.
El conjunto se compone de dos torres residenciales —Ágata y Amatista— que se
levantan frente al lago, aprovechando una condición privilegiada: la apertura visual
hacia el agua y el horizonte. La estrategia es clara y responde a una lógica
contemporánea del habitar urbano: viviendas en altura que maximizan las vistas,
grandes terrazas que prolongan los espacios interiores y un basamento activo que
concentra servicios y amenities.
Más allá de la arquitectura específica del edificio, lo interesante de Cristalinas es el
modo en que refleja una transformación más amplia del territorio. La zona que
históricamente funcionó como borde entre la ciudad y el sistema de lagos comienza a
consolidarse como un nuevo frente residencial de alta densidad, donde el paisaje se
convierte en el principal valor inmobiliario.
En este sentido, el proyecto se inscribe dentro de una tendencia cada vez más visible
en Montevideo, desarrollos que combinan vivienda, servicios y espacios comunes en
un formato cercano al de un club residencial. Piscinas, spa, gimnasio, cowork y áreas
sociales configuran una forma de habitar que va un poco más lejos que el apartamento
y se expande hacia lo colectivo.
Cristalinas propone así una experiencia residencial donde el paisaje, la infraestructura
y el confort contemporáneo se integran en una misma operación. Un edificio aislado,
es parte de un proceso mayor: y define la relación entre la ciudad y sus bordes
naturales.
Arquitectura : Kopel Sánchez







