El camino del diseño. InCasa Deco en La Barra

El territorio que se despliega más allá del puente Viera, en La Barra, ha dejado de ser un mero apéndice del balneario para convertirse en un escenario autónomo, consciente de sí mismo. Allí, donde antes el paisaje parecía diluirse entre el río y el mar, hoy se afirma una trama urbana que acompaña —y a veces anticipa— los cambios de una sociedad en movimiento. La densificación poblacional no llegó sola: trajo consigo una nueva sensibilidad, una manera distinta de habitar el espacio y de pensar el diseño. Las tiendas comenzaron a agruparse, como si obedecieran a una lógica silenciosa, marcando un camino que lentamente fue desplazando la antigua centralidad de Punta del Este. En ese trayecto, que es físico, pero también cultural, InCasa se alza como un portal: un lugar de tránsito y de revelación.

Fundada en 2013, InCasa nació en un tiempo en el que el pasado todavía podía dialogar sin estridencias con el presente. Su origen estuvo ligado a la restauración de muebles, pero también a una idea más profunda: la convicción de que los objetos conservan una memoria que merece ser escuchada. Karina Flom, su fundadora, supo entenderlo desde el inicio. Su mirada no se detenía en la mera funcionalidad, sino en el carácter, en el diseño, en esa huella invisible que distingue a una pieza cualquiera de un objeto destinado a perdurar. Cada mueble era cuidadosamente seleccionado y restaurado, intervenido con respeto, resaltando detalles que no borraban su historia, sino que la intensificaban. Así, cada pieza adquiría una identidad propia, una presencia capaz de transformar el espacio que la acogía.

Con el paso del tiempo, InCasa amplió su horizonte. La necesidad de dialogar con un presente cada vez más exigente llevó a incorporar nuevas propuestas, integrando diseño contemporáneo y piezas de importación. Lejos de diluir su identidad, esta apertura terminó de consolidarla. Lo restaurado y lo nuevo encontraron un equilibrio preciso, casi natural: la nobleza de los materiales, la solidez de las formas y la frescura del diseño moderno convivieron sin imponerse unos sobre otros, construyendo un lenguaje propio.

En 2025, InCasa inicia una nueva etapa. La llegada de una nueva gerencia no supone una ruptura, sino una profundización del camino recorrido. La esencia permanece, pero la propuesta se afina. El diseño deja de ser un atributo decorativo para convertirse en experiencia. Los muebles ya no se piensan como piezas aisladas, sino como parte de un relato doméstico más amplio, destinado a acompañar la vida cotidiana de las familias. Un hogar donde el diseño no se exhibe, sino que se siente; donde los espacios sostienen los encuentros, los afectos y los momentos que definen la vida compartida.

De cara al futuro, InCasa se proyecta como un referente en diseño y calidad, fiel a la esencia que le dio origen. La búsqueda es constante y exigente: piezas con identidad, donde el confort, la durabilidad y el diseño convivan en un equilibrio deliberado. Evolucionar no implica renunciar, sino elegir con mayor conciencia. Materiales nobles, trabajo cuidado y una atención casi ética hacia quienes habitan los espacios son los pilares de esta visión. Más que vender muebles, InCasa acompaña a las personas en la construcción de hogares que reflejen una manera de vivir, de compartir y de estar en el mundo.

La selección de productos responde a esa misma lógica. Piezas de procedencia internacional —principalmente de Brasil y de distintos países del Sudeste asiático— dialogan con productos de fabricación nacional, en una apuesta clara por el trabajo local y la calidad de la industria uruguaya. Esta convivencia de orígenes no genera dispersión, sino una identidad común, donde distintas culturas de diseño se integran bajo una estética coherente y reconocible.

En cuanto a las tendencias, Lucía Olivencia observa un cambio revelador en quienes habitan Punta del Este. Se percibe un interés creciente por piezas que se distingan por su diseño y originalidad, sin descuidar aspectos fundamentales como la calidad, la durabilidad y la elección de materiales nobles. Ya no se trata simplemente de amoblar un espacio, sino de construir un hogar: un lugar de encuentro, de disfrute y de expresión personal. En este contexto, los sofás adquieren un protagonismo indiscutido. Predominan las telas suaves, las paletas cromáticas serenas, las bases neutras que invitan al descanso. Se priorizan piezas amplias y acogedoras, pensadas para el uso cotidiano, capaces de acompañar el ritmo de la vida diaria sin perder elegancia ni confort. A su alrededor, objetos y muebles de mayor presencia incorporan color y formas que aportan carácter y dinamismo, sin romper la armonía del conjunto.

Los espacios exteriores, por su parte, han dejado de ser un complemento para convertirse en una extensión natural del hogar. Muebles que combinan color, materiales resistentes y diseño generan un diálogo fluido entre interior y exterior, borrando fronteras y proponiendo una experiencia de habitar continua. En ese universo, la hamaca se ha consolidado como uno de los grandes íconos de InCasa. Más que un objeto, es un gesto. Una invitación a la pausa, al descanso consciente, al disfrute del tiempo compartido. Representa, con claridad, la filosofía de la marca: diseño que se vive, que se experimenta, que se incorpora a la rutina cotidiana hasta volverse imprescindible.

La dirección de InCasa está hoy en manos de la nueva gerencia integrada por Alan Tarrab y Lucía Olivencia. Un equipo que entiende que el diseño no es una moda pasajera, sino una forma de narrar la vida doméstica, de dar sentido a los espacios y de construir, día a día, un hogar que merezca ser habitado.

Fotografías Nico di Trápani

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